En 1953, dos argentinos fueron apresados por marinos británicos luego de desmantelar un refugio construido en una de las islas cercanas a la Antártida. El incidente trascendió escasamente, pero convulsionó la segunda presidencia de Perón y marcó el destino de la soberanía del continente polar.

 

“Han sido detenidos y serán deportados dos ciudadanos argentinos que se establecieron en una base en la Isla Decepción, en zona antártica inglesa”, informó el gobierno de Gran Bretaña a través de un cable al Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina.

A mediados de febrero de 1953, Juan Domingo Perón debió enfrentar una de las situaciones más tensas a nivel internacional. El 3 de enero de 1953, Argentina inauguró el Refugio Naval Thorne en la bahía Telefón de Puerto Foster, ubicado en el estuario interior de la Isla Decepción, al noreste de la península antártica. Días posteriores, en la caleta Balleneros se constituyó el Refugio Teniente Lasala. Esta expedición estaba conformada por tres hombres del personal del barco argentino ARA Chiriguano. El 15 de febrero, cuando sólo se encontraban dos de los tres miembros en el destacamento desembarcaron 32 Royal Marines pertenecientes a la fragata británica HMS Snipe.

Luego de un enfrentamiento verbal y forcejeos, los dos marinos argentinos fueron apresados y se destruyeron las chozas argentina y chilena emplazadas en ese sector.

“Unos treinta hombres armados me apuntaban y nosotros no teníamos defensas, ya que no habíamos llevado armas”, recordó el capitán de navío Jorge Raúl Chihigaren, que arribó el día posterior al incidente, ya que había partido de la isla para conseguir un mecánico que arreglara la radio del destacamento.

“Ese día hubo un temporal y no pude volver. Tardamos un día más de lo previsto y en ese ínterin llegaron armados junto al gobernador de las Islas Malvinas. Cuando llegué ya no estaban los dos cabos y el refugio había sido desmantelado”, afirmó Chihigaren durante la entrevista, que a los 88 años y retirado aún conserva en la memoria aquel hecho.

Los cabos Cástulo Acosta y Rogelio Blázquez fueron capturados y trasladados en un barco británico a las islas Georgias del Sur.

“El grupo de argentinos se estableció en enero en una franja adjunta a la inglesa de la Isla Decepción. El 15 de febrero el gobernador interino de las islas Falkland adoptó las medidas para desmantelar el edificio que había sido levantado, detener y deportar de acuerdo con la reglamentación de las mencionadas islas sobre extranjeros, a dos ciudadanos argentinos que la ocupaban. Una choza chilena establecida en la misma zona fue desmantelada al mismo tiempo”, confirmó días posteriores el vocero de cancillería británica a través de un comunicado.

“Inglaterra envió varios reclamos, pero el final fue un ultimátum que mandaron después que ocurrió el hecho”, explicó Chihigaren.

El jueves 19, en el Palacio San Martín (sede Cancillería) el general Humberto Molina Sosa, Ministro Interino de Relaciones Exteriores, recibió al embajador inglés sir Henry Bradshaw Mack para entregarle una contra protesta. El diplomático inglés pidió reserva absoluta de los hechos, pero desde la Foreign Office apresuraron a dar su versión de la situación.

Una de las fuentes a la que accedió ésta periodista y pidió reserva de su identidad afirmó: “Perón se reunió con sus ministros y ordenó que esa noche no se publicara el diario La Razón, que ya tenía en tapa la noticia”.

El gobierno británico consideraba la actitud de los argentinos una “contravención flagrante de las leyes”, ya que el barco y el destacamento empleado formaban parte de las fuerzas armadas argentinas, y por lo tanto consistía en una incursión militar. Para no exacerbar la situación, Gran Bretaña decidió tratar el caso como una violación del derecho civil.

Los medios hicieron rápidamente eco de la situación. El diario Crítica tituló “Indignante el atropello británico” y realizó una cobertura periodística por más de dos semanas exponiendo su posición contraria al colonialismo inglés.

El general Juan Domingo Perón se encontraba realizando su primera visita a Chile, y desde allí afirmó que los dos países actuarían juntos frente al problema. Pero su encuentro fue opacado en parte la repercusión de los incidentes internacionales.

Desde su primera presidencia, Perón incentivó la creación de refugios en la Antártida. A pesar que el mandatario argentino tenía una buena relación con el Chile y sus pretensiones sobre el territorio polar eran las mismas que las del país vecino.

“La orden era ocupar la isla para estar antes que los chilenos. En esa época no había Tratado Antártico y los tres países se disputaban los territorios”, afirmó una fuente que solicitó reserva de su identidad.

Gran Bretaña insistió en dirimir la situación en la Corte Internacional de Justicia, pero ninguna de las dos naciones aceptó el pedido.

El país anglosajón tuvo presencia en la isla desde 1943, cuando inauguró un puesto meteorológico, pero años más tarde Argentina y Chile comenzaron a tener firmes pretensiones sobre ese sector.

El gobierno trasandino expuso su preocupación sobre la cuestión en una carta enviada a las autoridades británicas: “todos los asuntos relacionados con la Antártida Sudamericana interesan primordialmente a nuestro continente y están vinculados estrechamente con los intereses de Chile”.

En otra declaración del canciller chileno, afirmó que su país había protestado en nombre de su gobierno por tal acto de violación de la soberanía y reclamaba la reposición de las instalaciones. En Argentina la situación era tensa. El embajador de Gran Bretaña debió ser custodiado por la policía, mientras que cortejos de manifestantes recorrían las calles de la ciudad coreando: “¡Fuera Inglaterra, las Flakland son nuestras!”. Por otro lado, un grupo de personas pertenecientes a la Alianza Libertadora Nacionalista protestaron con cánticos en la Plaza San Martín y dejaron arreglos florales.

Diferentes instituciones argentinas replicaron su repudio a través de notas dirigidas al Ministerio de Relaciones Exteriores y por medio de solicitadas en los diarios Critica, La Nación y La Razón.

El 21 de febrero fueron liberados los ciudadanos argentinos y transferidos de la fragata HMS Snipe a un ballenero argentino para finalmente ser trasladados a Buenos Aires.

De la misma forma, el Gobierno inglés envió las pertenencias que no fueron retiradas por los cabos argentinos. Según consta en el Archivo Histórico de Cancillería se restituyó una carpa, bandera, equipos y anotaciones. En la actualidad se conserva el pabellón nacional recuperado en el Instituto Nacional Browniano.

La Isla Decepción es un valioso puerto y base aérea, ya que posee una pista de aterrizaje natural única, que está libre de nieve en verano de la Antártida debido al volcán que posee.

La bahía Ballenera, es un puerto para barcos donde además se puede obtener agua potable. Estos motivos hacían de la isla un lugar estratégico e importante para los países en cuestión.

El diario La Presse de Gran Bretaña publicó el 23 de febrero: “El Sr. Anthony Eden, Secretario de Estado en la cartera de Asuntos Exteriores, fue aclamado en la Cámara de los Comunes cuando declaró que las usurpaciones de Argentina y Chile en la Isla Decepción, violan la soberanía británica. Por otro lado, también han constituido un obstáculo y una incomodidad para los aviones, ya que el destacamento argentino estaba emplazado sobre la pista de aterrizaje”.

Según informes de inteligencia conservados en el Archivo Histórico de Cancillería, Gran Bretaña reunió en la zona una flota de cruceros y portaviones militares ante un posible desenlace bélico con Argentina y Chile.

Este hecho histórico, a pesar que tuvo poca trascendencia a pedido de los gobiernos de los tres países, fue un antecedente importante para la firma del Tratado Antártico.

“Argentina fue unos de los primeros países con presencia en la Antártida. Había fuertes intereses de varias naciones sobre el territorio pero la situación fue congelada ya que la tensión iba en aumento”, aseveró Julio Burdman, politólogo y docente de la Universidad de Belgrano.

Rodolfo Sánchez, geólogo y autor del libro “Antártida: Introducción a un continente remoto” afirmó en el mismo que el incidente prendió la alarma entre los gobiernos y la opinión pública sobre la relación de Argentina, Chile y Gran Bretaña, que con el tiempo se plasmó en la firma del acuerdo colectivo para regular las relaciones internacionales en el continente polar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan Domingo Perón tuvo una larga relación con el país trasandino. Entre 1936 y 1938, fue agregado de defensa hasta que su gestión finalizó cuando apareció implicado en un hecho de espionaje con el propósito de conseguir documentos militares secretos, que lo forzó abandonar el puesto. Ya con Perón en el poder el escenario seguía siendo tenso, pero a raíz de la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias en Latinoamérica, el mandatario argentino concibió un acuerdo comercial bilateral para afianzar las economías e industrias regionales.

De esta forma, su política privilegiaba la reciprocidad y cooperación, pero a su vez fue una estrategia de intenciones expansivas.

Desde 1946 hasta 1952 el gobierno peronista trató de aumentar su dominio financiero, político, social y partidario en Chile, ocasionalmente entrometiéndose en las cuestiones internas del país vecino. El resultado fue un plan para integrar una gran unidad austral que fortaleciera el liderazgo argentino en la zona, permitiera imponer la doctrina y neutralizara la injerencia financiera extranjera, especialmente de los Estados Unidos.

El embajador chileno  en  Buenos Aires, Ríos Gallardo, durante una conferencia de prensa afirmó: “Perón está estructurando una nueva Argentina, que se complementará en el campo internacional con los otros países de este continente, en especial con Chile”.

Durante la visita del mandatario a Chile en el verano de 1953, fue fuertemente cuestionado a través de los principales medios impresos por sus pretensiones de unir los países.

Cuando se produjo el desmantelamiento de los refugios en la Isla Decepción, Perón junto al presidente chileno Ibáñez del Campo presentaron sus quejas formales a través de los Ministerios de Relaciones Exteriores de los dos países. Su accionar fue conjunto, y en el mismo sentido rechazaron colectivamente la posibilidad de dirimir el conflicto en la Corte Internacional de Justicia como proponía Gran Bretaña.

Meses más tarde, Chile vio debilitada su relación con el país vecino ya que en julio de 1953 Argentina difundió un folleto que desconocía todo derecho chileno sobre el continente polar. "Aerolíneas Argentinas, empresa de aeronavegación comercial del Estado argentino, distribuye profusamente en Europa un folleto editado a todo costo por el Servicio Internacional Argentino de publicaciones -que es también un organismo oficial-. En esta publicación denominada "Antártida Argentina", Argentina se esfuerza por probar la validez de sus derechos sobre territorio antártico, pero al hacerlo, reclama para sí, un sector polar que pertenece a territorio chileno", publicó el diario Mercurio de Chile sobre la situación conflictiva que atravesaban las dos naciones.

A pesar de este suceso, Argentina junto a Chile impulsaron la propuesta de resolver el problema con Gran Bretaña en la Organización de los Estados Americanos (OEA), pero la tensión siguió hasta la Firma del Tratado Antártico, que trajo la paz a la relación.

 

 

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Antecedentes de la relación de Perón con Chile

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